La libertad del artista. Conceptos sobre pintura mural
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» Por Martín La Spina
Martín La Spina responde a Del Vitto su artículo Diferencias entre el pintor de paredes y el muralista publicado en Minotauro Digital. Frente a Del Vitto, el autor defiende la libertad como esencial en el acto creativo.

Sin ánimo de polemizar con el apreciado colega Del Vitto, pero recordando que este tema ya lo hemos conversado personalmente, me permito aportar a las suyas algunas reflexiones personales, ya que él mismo sugiere que lo hagamos al final de su texto.

Es sabido que en los ámbitos de discusión sobre el arte público se ha instalado esta polémica acerca de qué es, y qué no es un mural, cómo "debe ser",cómo hay que pintar, qué mensaje debe transmitir el artista, etc, etc. Y ya que nos dicen qué y cómo tenemos que pintar, que bueno que podamos expresar nuestras opiniones.

Haciendo un sucinto recorrido histórico, para empezar a hablar, el mural ha sido una disciplina que, según las épocas y culturas en que se ha manifestado, ha revestido diversos significados (mágicos, religiosos, decorativos, críticos), así como múltiples técnicas y materiales (encausto, fresco, secco, mosaico, relieves, pinturas sintéticas, técnicas mixtas, etc). Desde la prehistoria, y todas las culturas antiguas practicaron el mural. Algunos han perdurado hasta nuestros días por las condiciones climáticas, materiales empleados más resistentes al paso del tiempo, o condiciones excepcionales, como es el caso de los murales de Pompeya, preservados bajo las cenizas durante cientos de años. La mayoría han desaparecido. Por ejemplo, se sabe por copias romanas que los griegos pintaban murales, aunque no han llegado hasta nosotros. Durante la edad media, el mosaico bizantino, heredero del mosaiquismo romano, ocupa un lugar preponderante. Es durante el renacimiento cuando se perfecciona la técnica de pintura al fresco, produciendo obras que permanecen hasta hoy. Sin duda, ya en el siglo XX, el muralismo mexicano inaugura un nuevo capítulo, sobre todo en el mensaje, realizados por artistas comprometidos con la consolidación de un arte nacional y soporte visual de los gobiernos herederos de la revolución. Fueron realizados con el dominio de las técnicas antiguas y rescatando el barroquismo mezo-americano como sistema visual.

Se podría profundizar y ampliar esta reseña, aunque lo dicho basta para situar a la pintura mural en un contexto mucho más amplio del que algunos parecen olvidar, para empezar a escribirla desde el muralismo mexicano, una especie de “mural evolucionado” producto de una “selección natural” del arte del mural que se ha cristalizado como regla de lo que debe hacerse hoy en día. Esto ya no se sostiene ni en México. Cabe recordar que hoy la vanguardia en el campo del mural tiene más que ver con las experiencias de grupos de grafiteros urbanos que con el muralismo mexicano.

Claro que no le restamos importancia a este tipo de arte, sino que lo situamos dentro del contexto histórico y cultural en el que fue producido. No es cierto que el mural “fue perfeccionadose” ya que en el arte no hay evolución; basta citar la maestría de los murales egipcios en relieve, entre otros muchísimos ejemplos de la excelencia técnica del pasado.

Es importante hablar de mural como arte aplicado al muro, (pintura, relieve, etc) planificado en función de un lugar concreto, con un mensaje a transmitir (como todo arte) y en diálogo con el espacio arquitectónico y el espectador.

Sobre su función didáctica, es un tema de discusión estética hasta dónde puede una obra "ser comprendida por todas las clases sociales", como propone Del Vitto. Las artes visuales se construyen desde un lenguaje simbólico, hay una aproximación muy personal y subjetiva en la construcción y comprensión del símbolo, que a demás está condicionada por la pertenencia a un grupo cultural determinado. Ni qué hablar de las distintas edades de los "integrantes del pueblo" ¿Para quién hay que pintar, para los niños, los jóvenes, los viejos? No es correcto suponer que las imágenes más figurativas sean mejor comprendidas por todos. Pongamos frente a un Toba “El Juicio final” de Miguel ángel y una greca (abstracción de una serpiente) y veamos qué se comprende mejor. Puedo advertir la similitud entre un figura representada y la realidad, y no entender para nada el significado de la obra.

La monumentalidad de las imágenes" tiene que ver con la relación con el espacio arquitectónico y la percepción muchas veces en velocidad de los murales, pero si todas las figuras son grandes, se pierde la sensación de monumentalidad (que es una relación perceptiva psicológica y no objetiva) Es necesario siempre la comparación con otros elementos de menor jerarquía, con la arquitectura y el espacio circundante y con la escala humana para destacar este efecto.

Acerca de la recomendación del no uso de la perspectiva renacentista “que perfora el muro” es una elección tan válida como otros sistemas de representación. Todo depende del mensaje que se quiere dar. El muro puede negarse, enfatizarse o producir relaciones ambiguas entre el muro, el mural y el espectador. Vale decir que el muralismo mexicano no desprecia la perspectiva en todos los casos.

En cuanto al concepto de la aparición de las figuras, la representación de la figura humana también es una elección. Lo humano está en concebir y producir la obra misma y no sólo en las representaciones que en ella aparecen. Es tan humano un mural aborigen con un sistema simbólico de sapos, serpientes, cóndores y símbolos abstractos como el citado Juicio Final.

En cuanto a las figuras de tamaño completo, no es condición necesaria para establecer una relación con el espectador la representación de la totalidad del cuerpo. Además, nunca vemos "toda" la figura: elegimos, ponemos el énfasis, deformamos, superponemos, etc. ¿Qué hay de malo en una figura a medio cuerpo "saliendo del piso" ? Si está acorde al mensaje y está bien realizada vale más visualmente que una figura de cuerpo entero mal pintada.

Del Vitto expresa que el tipo de representación "debe ser figurativa". Habría que pensar, si esto es así, dónde ponemos la frontera entre lo figurativo y lo abstracto, ¿hasta qué límite nos es permitido abstraer una idea para que siga siendo mural? Los murales de Miró, por supuesto, quedarían afuera por "demasiado abstractos..."

"El contenido de la obra es reflejo de los intereses de los espectadores y no del artista". Yo diría que el artista interpreta y da siempre su propia visión. Por eso es "el artista", que crea y transmite mensajes significativos desde y para un grupo determinado. Si el artista pertenece al pueblo, lo representará fielmente. El problema del arte mal llamado "popular" es que se ha alejado del pueblo porque el artista "se para en otro lado". Cree representar al pueblo porque su arte cumple con determinados cánones ideológico-visuales, pero ¿el pueblo entiende su arte, adhiere sumisamente a sus cánones? Para que el pueblo entienda, sólo hace falte que haya MáS ARTE , muchos más murales, distintos, plurales. Más educación en la comprensión del arte (en la que los artistas sí fuimos educados y creemos que todos nos comprenden), más artistas “subjetivos”, que propongan cosas nuevas, nuevas ideas, nuevas imágenes, y todos salidos y trabajando para el pueblo, que somos todos.

"Se busca un fin ético-estético". Si no nos podemos poner de acuerdo como sociedad sobre los valores éticos que queremos sostener (algunos con mayor consenso que otros), menos podemos imponer al arte un imperativo axiológico-didáctico. De ser así, habría que prohibir las obras que no pretenden conducir hacia ninguna conducta ética. Los valores son plurales. Se proponen, no se imponen, y el arte no tiene como finalidad última conducir a nadie hacia ninguna parte. Sólo expresa, luego uno elige: se conmueve o no, se revela o no.

"El mural no decora" Todo arte es decorativo de alguna manera. Lo decorativo no es un término peyorativo, sino una condición inherente al arte, aun en las obras de mayor dramatismo y expresividad. Al utilizar criterios plásticos de color, composición, etc, no se puede escapar tan fácilmente de los efectos estéticos que una obra provoca (más allá del mensaje transmitido).

Por último, y en relación con la proliferación de técnicas más "efímeras", creo que la explicación posible pueda ser ,entre otras de orden filosófico, que "el arte se abre camino", parafraseando a Jurassic Park, ya que hablamos de evolución. No todos los artistas tienen los medios económicos, los marchants o políticos de turno que financien obras de alta o media durabilidad. Lo bueno es que igual se pinta. Sobre todo si nos estamos parando en la vereda del arte popular, habría que reconocer que aun es mejor una obra efímera que una no-obra. La última cena de Leonardo, quizás una de las obras más conocidas y analizadas de los últimos tiempos, es un mural en pésimo estado de conservación, gracias al espíritu experimental de Leonardo. Seguramente él no hubiera querido que la obra se deteriorara, pero no tuvo reparos en innovar cuando quiso hacerlo.

Amigo Cristian: los artistas y las obras permanecen o caen por su propio peso, por más que las borren, se borren o queden. No hace falta reglar nada. No caigamos, en nuestro afán por purificar, en lo que hacen algunos, que generan la polémica para el sostén de sus propias obras. Nosotros hagamos arte y dejemos a los demás crear en libertad.

En otras épocas, afortunadamente superadas, el arte estuvo reglado por las visiones totalitarias, los gremios, las academias; hoy parece que quisiéramos volver a eso. Si algo nos "enseña" el arte es la absoluta libertad del artista. En la libertad del artista, también liberándose de sus propios prejuicios, está la legitimidad y valor de la verdadera obra; llámese cuadro, cacharro, mural.

Martín La Spina
Universidad Nacional de La Plata

Martín La Spina, La libertad del artista. Conceptos sobre pintura mural, Minotauro Digital, Abril 2005